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jueves, 1 de abril de 2010

Viaje en el Tiempo (II)

En Semana Santa, nos mandaron deberes para casa, incluyendo escribir unos versos para la clase de literatura. A continuación pueden leer lo que tanto disfruté escribiendo, dándole de vez en cuando un toque de castellano antiguo.


I

La mancilla de un linaje

esta leyenda cuenta

Oñacinos y Gamboinos

eran los bandos en guerra

los primeros de Euskadi

los segundos de Castilla

disputaban entre ambos

los feudos de Munguía


II

Un linaje es el Butrón

que a los Vascos estima

otro es el de Avendaño

devoto al Rey de Castilla

Años de árduo combate

en el Señorío de Bizkaia

una lucha sin final

una batalla sin tregua


III

Llorando de los sus ojos

Gonzalo de Butrón mira

su casco ennegrecido

sus mujeres viudas

asolados están los campos

y vacías están las casas

los almetes abollados

destrozada su Bizkaia


IV

¿Por qué no acabar

tanto odio en la misma tierra?

Reta Gonzalo Butrón

al Avendañez Patriarca

a una lucha por igual

en la playa de Plenzia

escudados en su espada

medirán su fuerza


V

El patriarca aceptó

el desafio en la playa

a condición de poder

fijar no el do será

sino decidir la fecha

será entonces la lucha

decidió el Castellano

La de San Juán mañana


VI

Norabuena levantó

el gran astro su testa

dando luz al caballero

e incendiando su alma

caliente el corazón

refulgiendo está la arena

el odio no da perdón

la mar estaba serena


VII

Los patriarcas se miraron

y empuñaron sus espadas

los aceros chirriaron

se abollaron las corazas

el Avendañez perdía

y el Butrones ya ganaba

cuando una flecha surgió

de una cercana encenada


VIII

Gonzalo dióse cuenta

por la saeta del engaño

mas fue tarde para él

traspasaba ya su pecho.

El, gira y se derrumba

muerto por ser caballero

que de su pecho la herida

le dolió mas la traición


IX

¿Mataron a los de su casta?

no, sobrevivió su hijo

que había ido de caza

la mañana que ocurrió

y al volver a su casa

todo quemado encontró

él era entonces el único

descendiente de Butrón


X

Cuentan que a América

el muchacho embarcó

trabajando de grumete

en un navio Español

sin olvidar la ofrenta

muy rico volvió

a tierras de Euskadi

a vengar la traición


XI

Nadie sabe ahora

si esto así ocurrió

aunque años mas tarde

un castillo se construyó

por un rico hacendado

que de fuera llegó

y lo edificó en tierras

del Linaje de Butrón


Bilbao, Marzo, 1990

jueves, 18 de marzo de 2010

Viaje en el Tiempo

Organizando nuestro cuarto encontré un cuaderno en el que escribía poemas y prosa poética cuando todavía iba al instituto. Cuando lo leí, me llamó la atención la pasión con la que escribía, y me recordó la época de mi vida en la que por vez primera, saboreé el amargo trago del exilio.

Entre lods dieciséis y dicinueve años me lo pasé muy bien, pero no estudié mucho. Pasé año y medio interno en Veguellina de Órbigo, León, y otro año y medio en el Instituto Ataulfo Argenta, en Castro-Urdiales, Cantabria. Fue cuando por primera vez experimenté vivir mes tras mes, año tras año, fuera de Bilbao. Honestamente, no me gustó la experiencia. La literatura se convirtió en una avenida de mi escapismo, sobre todo en Veguellina, donde el contraste con mis nuevos compañeros de colegio y de instituto era mas evidente.

He decidido compatir un el futuro un par de creaciones con ustedes, estimados lectores, porque aprendiendo sobre el pasado, uno siempre está mas preparado para el futuro...
Una de las cosas que mas eché de menos en León fue el mar:

"La luna, huye del firmamento dejando al sol, lágrimas de amor en el rocio, en la arena, adormecida por la luz de las estrellas y despertada por la pleamar. Las olas, en un gorgoteo rítmico, pequeñas e indefensas de lejos, grandes y temibles de cerca, atraviesan la neblina, surgiendo del insondable abismo negro.
Como un castigo eterno, la noche llora de amor y dolor, al ser desgarrada por los rayos del amanecer. El manto blanco y blando, pero impenetrable, se eleva de por entre las rocas, testigos de su propia destrucción. El agua, la esencia material mas maleable de la tierra, va arrancando el corazón a la misma, descansando en la orilla cristalina, dulce como una fémina.
La bahía, se llena poco a poco de sonidos de aves, que, insensibles al instante, vuelan sin tiempo, como los poetas, sin miedo al pensamiento, se dejan llevar libres, jugando con el viento eterno.
Y, mientras tanto... la gran bola de fuego...
se va elevando... poco a poco...
buscando... el firmamento..."
Veguellina de Órbigo, Octubre, 1990.